asertividad, hablar, Hablar en público

Asertividad y receptores positivos

Ser asertivo es saber decir lo que quieres decir de forma clara, directa y respetuosa. Hay otras definiciones, pero ésta me parece más práctica. Las personas asertivas deberían ser más felices, puesto que no cargan con el peso de las palabras ninguneadas, de los reproches aspirados hacia dentro, ni de las opiniones que tenían derecho a compartir. El asertivo no acumula disparos silenciados y eso alivia y mucho. “Háblame sin tapujos”, me decía el otro día un amigo, y yo, que suelo pecar de diplomática, pensé: “¿de verdad es lo que quieres?”. Porque se habla mucho de la asertividad, pero debería hablarse más de la “recepción positiva”. La mayoría de nosotros no sabemos responder adecuadamente a un feedback negativo, a una crítica, a un no, o sencillamente a la opinión que no coincide con la nuestra. ¿Y por qué? Falta de práctica. Por eso ahí va un ejercicio práctico:
Escribe en un papel una opinión negativa sobre ti mismo, desarróllala en 5-6 líneas. Puede referirse a un aspecto de tu personalidad, a un acto desafortunado… Escríbelo en segunda persona, tomando distancia. Léelo en voz alta despacio, reflexionando sobre el mensaje. A continuación repite en voz alta esta frase o una similar: “gracias por tu opinión sincera porque me sirve para mejorar, me empuja a avanzar”.
Después practícalo con alguien muy cercano. Si no estás de acuerdo con la crítica puedes decir algo así: No estoy de acuerdo con tu opinión, pero la respeto y te agradezco tu sinceridad. Reflexionaré sobre el motivo por el que tú lo ves así, quizás me ayude a mejorar en algún aspecto”.
Funciona.

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Internet

La analítica web: ser o no ser

¿Se puede vivir sin analítica web? Sí, pero mal. Igual que se puede conducir sin el indicador de lo que nos queda de gasolina en el depósito. Calcularemos a ojo distancia recorrida e iremos reponiendo a ojo. Pero por el camino nos perdemos información clave. ¿Consume mucho nuestro vehículo? ¿Más o menos que otros? Cuánto consumo en autopista y cuánto en ciudad? Pues algo parecido ocurre con una web en la que no usemos ninguna herramienta de analítica, ya sea cualquier herramienta site centric, como Google Analítics, customer centric (paneles), o híbrida. Porque disponer de información sobre nuestra web nos da la valiosísima ventajas de optimizarla, de introducir cambios que la mejoren: para que sus contenidos sean más interesantes, para que la experiencia de navegación sea más cómoda y eficiente y para que mis objetivos, que debo tener muy claros desde el principio, acaben cumpliéndose, ya sean estos conseguir lectores, vender mi producto o crear una comunidad activa con la que comunicarme.
El responsable de la web, ya sea desde marketing o negocio debe tener claro qué quiere medir, sus KPIs válidos, y contar con un técnico con perfil informático que programe el código necesario en la web para darle lo que necesita. Sin la ayuda de un técnico podremos incluir el código básico que por ejemplo nos proporciona Google Analitics, y obtendremos información muy útil, pero no podremos adaptar dicho código según nuestras necesidades específicas. Por ejemplo, GA nos indica nuestra Tasa de Rebote (% de navegadores que llegan a nuestra web, ven una sola página y se van), pero podríamos matizar ese dato y definir que si el usario está más de 30 segundos en esa página, no lo contaremos con tasa de rebote, porque ha mostrado interés, ha leído, no huido.

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Poesía

Poema breve desde la resistencia: azúcar

Es una pena que la poesía esté cada vez más alejada de la sociedad en general y de los jóvenes en concreto. ¿La poesía ha muerto? No pero casi.
Los que amamos la poesía, resisteremos mientras se pueda, y seguiremos valiéndonos de la palabra para crear algo bello. (O al menos ese es el objetivo, ¡jeje!).
Este es un breve poema dedicado al gran amor de vida.

Dame
el dulce sabor
de tus labios, mi amor.
El melódico azúcar
de tu voz, deslizando
lengua y saliva en mi rubor.

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Poesía

Para Raúl

Pensando en Raúl (mi amigo Lolo), en un día triste, por la muerte de su querido padre.

Adiós a la primera mano que rozó mi cara,
que guardó mis penas y alargó mis risas.
Adiós a sus ojos de mago.
Adiós a su sonrisa,
y a su voz grave.
Qué haré sin su palabra,
sin su sombra, sin su prisa.
Adiós al camino juntos,
adiós al recuerdo alado.
Sin su olor, su piel, sin él,
adiós a lo más amado.

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Escribir

El uso de las mayúsculas (y abuso)

La mayúscula se ha puesto de moda: escribimos en mayúsculas las palabras que deseamos resaltar, los conceptos que hacen referencia a algo que consideramos importante. Así, podemos leer en mensaje en una entidad financiera: “Nuestra red de Oficinas está preparada para afrontar el Plan Estratégico que hemos preparado para 2015. Venderemos más Seguros, más Fondos y menos Depósitos, mientras el EURIBOR siga por los suelos. La previsión en Enero es colocar un millón de Euros”.
Las palabras oficinas, plan, estratégico deben ir claramente en minúsculas, al no ser un nombre propio. En cuanto a Seguros, Fondos y Depósitos, son familias de productos, no identifican un nombre comercial, porl o que tampoco deben llevar mayúsculas. Los meses y monedas deben ir siempre en minúsculas según normativa lingüística. Por último, Euribor es un acrónimo (Euro Interbank Offered Rate) de más de seis letras, por lo que sólo va en mayúsculas la primera letra.

Para dar relevancia a conceptos, contamos con otras herramientas, como la negrita o el subrayado. En el ejemplo anterior propondría pondría en negrita o subrayaría “Venderemos más seguros, más fondos y menos depósitos”, así como “colocar un millón de euros”.

Comentario a parte merece el uso de mayúsculas en los mails. A menudo leemos ejemplos de este tipo:
“NECESITO URGENTEMENTE QUE ME ENVÍES EL PEDIDO. Mañana tengo que enviarlo a Madrid. ¿LO RECIBIRE ANTES DE LAS 3?”
Debemos tener en cuenta que en el pantalla de ordenador, el uso de textos en mayúsculas se traduce en un grito. Si es lo que deseamos transmitir, no hay problema, pero a menudo no es nuestra intención, sencillamente queremos que el remitente entienda la importancia de lo que remarcamos. Mejor hacerlo nuevamente subrayando, cambiando el color o usando negritas.

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Sin categoría

Protocolo básico en visitas-reuniones

El visitante entró apresurado en la sala de reunión, donde un hombre y una mujer le aguardaban. Había acordado la reunión con el hombre, que supuso era el jefe. Un par de goterones de sudor resbalaban por su frente. El cuello de la camisa, ajustado en exceso y rematado por un nudo corbatero torcido, parecía a punto de reventar. Suspiró varias veces y se sentó en la silla más cercana, dejando su maletín en la mesa, no sin antes comenzar con una diatriba de excusas y disculpas que, por supuesto, no interesaban a nadie. Frente a él, la mujer y elhombre lo observaban con detenimiento. Sin dejar de hablar, el hombre abrió el maletín y sacó un ipad, una libreta, un bolígrafo y un tarjetero. Después, colocó el maletín en el suelo. El hombre y la mujer respiraron en ese momento con cierto alivio, como si el maletín hubiese sido un muro incordiante y su desaparición la señal de que la reunión comenzaba al fin.
El visitante colocó una tarjeta delante de cada uno y recogió las que ellos le acercaron. Las examinó durante un minuto, como si estuviese evaluando cargos y jerarquías. Finalmente las olvidó, colocando su libreta sobre ellas. Comenzó a hablar, rápidamente, como si sintiera que debía compensarles por la tardanza. Habló y habló sin parar. El hombre y la mujer permanecían en silencio, bastante atentos. El visitante explicó con detalle la presentación que traía preparada y que les mostró en su ipad. Su empresa, sus objetivos, sus productos, sus clientes…Al terminar, se sintió satisfecho. Había explicado todo lo que quería contar y le habían escuchado con atención. Su siguiente reunión era en cuarenta minutos, si no se alargaban con preguntas, llegaría a tiempo. Entonces se percató de que ninguno de ellos había tomado notas. La mujer le miró con cortesía y seriedad:
– Gracias por su presentación. La verdad es que no estamos ahora haciendo nada en la línea de lo que nos ha contado, pero estaremos en contacto.
El visitante carraspeó. ¿Debería haber ido por otro camino? No les había explicado en detalle todas las líneas de negocio que tenían abierta, solo las más importantes para él.
Se despidieron en la misma sala. El visitante devolvió al maletín sus enseres y ofreció su mano primero al hombre y luego a la mujer.
-Ah!-dijo ésta bajito al sentir una excesiva fuerza en el apretón, procurando apartarla rápidamente.
El visitante apenas se percató de ello.

Seguramente ya habrás detectado los errores del visitante, pero repasémoslos:
– La puntualidad no es solo recomendable, es obligatoria. Te permitirá presentarte y saludar correctamente. Si llegas tarde, avisa a tu cita, quizás prefieran mover la reunión o quedar a otra hora.
– Si tienes problemas de sudor, toma medidas.
– Procura no dejar tu maletín en la mesa, sobre todo, si los demás ya están sentados, hazlo en la silla para sacar las cosas que necesites y luego déjalo junto a ti en el suelo.
– No des nunca por sentado jerarquías en base al sexo, te evitarás sorpresas. De hecho debes saber perfectamente con quién te vas a reunir, su cargo y tareas principales. De ese modo enfocarás mejor la reunión.
– En un encuentro de este tipo es casi más importante escuchar a tus potenciales clientes, obteniendo el máximo de información, para enfocar muy bien tu presentación. Es tu oportunidad de saber lo que necesitan o les interesa más. Se estima que en una primera reunión, el cliente debe hablar un 60% del tiempo y tú solo un 40%.
– Cuando te entreguen tarjetas, míralas unos segundos y colócalas en la mesa para tener los nombres siempre presentes. Cuando termine la reunión toma notas sobre ellas para apuntar algo que te haga recordar a cada persona, o un rasgo o dato que no quieres olvidar.
– Por cortesía, saluda y despídete siempre primero de la mujeres y luego de los hombres.
– La mano no debe nunca apretarse en exceso, sobre todo a una mujer. Tampoco debe darse como un apéndice muerto, sin fuerza. El apretón debe ser firme pero suave.

Hasta la próxima semana.

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Hablar en público

La gestión del silencio: un silencio vale más que ciertas palabras

“Ella hablaba sin resuello, intentando encontrar la forma de llegar hasta él. Le habló del pasado compartido, de lo que aún podía vivir juntos, de que cambiarían las cosas, para mejor, siempre para mejor… Él tan solo la miraba, sin hablar, sin moverse apenas. Cuando pareció que ella había terminado, él la miró con una inmensa tristeza y aún en silencio, se dio la vuelta y se alejó de allí”.

Tanto en en nuestras conversaciones, como en un buen discurso, los silencios tienen un significado para el receptor y usados con intención, pueden convertirse en una herramienta tan potente como la mejor frase. Lo importante es precisamente la intención con la que los usamos.

Veamos algunos casos de utilización del silencio, el primero incorrecto y los dos siguientes, muy efectivos:

1) Un ponente llega a la sala. Apenas mira a los asistentes y no saluda. Se dirige al atril, sin levantar la vista, abre una carpeta, busca entre sus papeles, se coloca unas gafas, los ordena, parece releer algo y después, al fin, mira hacia delante y comienza con su discurso. ¿Qué ha pasado? El público no ha conectado con él, está lejos, perdido en el momento en el que entró en la sala. “Yo, formo parte del público, pero no le intereso. ¿Me interesa él a mí? Esperaré a que hable para decidirlo, pero muy bien tiene que hacerlo para que mejore mi opinión inicial sobre él, negativa”.

Hay ponentes que utilizan deliberadamente este sistema para marcar una distancia con su público. Cuando hablan desde el atril, se sienten en un púlpito. El público son sus vasallos. Lo vemos en políticos de la vieja usanza, en altos directivos endiosados, en actores divinos…
Otros ponentes actúan así desde la timidez y la falta de experiencia.

2) Un ponente está dando una larga explicación, con profusión de detalles. El público le sigue con expectación para ver hasta dónde quiere llegar, una conclusión que cada vez queda más clara. Pero cuando llega el momento de explicitarla, el ponente calla, mira al público, toma aire y realiza un gesto de complicidad a la audiencia. Durante su silencio, el público explicita en sus mentes la conclusión. Sonríen, al igual que el ponente. Conectan, a un nivel íntimo, no verbal. “Nos entendemos sin hablar, verdad?”

3) Un ponente está alcanzando un momento de clímax en su exposición. Eleva poco a poco la voz, habla más rápido, parece respirar más rápido, mueve más los brazos. Es una caballo corriendo a punto de alcanzar su meta, y cuando al fin llega, cuando la conclusión ha sido expresada, de forma categórica, rotunda. Entonces calla. Se toma su tiempo, observando a su público, evaluando su respuesta emocional a lo que acaba de expresar. Cuando vuelve a hablar, lo hace con calma y tono suave, para arrastrar a su público de nuevo a un estado de relax y retomar el hilo del discurso.

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